El Niño 2026–2027: ¿un desafío estructural para la economía argentina?

Autor: Meridianas Digital | 18/09/2026 | El fenómeno climático puede generar efectos muy diferentes según la región y la actividad. Producción agropecuaria, infraestructura y logística aparecen entre los sectores expuestos, en un escenario en el que…

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El fenómeno climático puede generar efectos muy diferentes según la región y la actividad. Producción agropecuaria, infraestructura y logística aparecen entre los sectores expuestos, en un escenario en el que Argentina necesita sostener su producción, sus exportaciones y la generación de divisas.

Javier Vázquez
Columnista invitado

El cambio climático está haciendo que los fenómenos meteorológicos extremos sean más frecuentes y costosos, con consecuencias económicas que pueden extenderse mucho más allá del momento de la emergencia.

Argentina enfrenta ahora un episodio que merece particular atención: El Niño 2026–2027.

La Organización Meteorológica Mundial confirmó en septiembre que El Niño ya está establecido y se espera que se intensifique hasta alcanzar una intensidad muy fuerte. La probabilidad de que persista durante diciembre de 2026–febrero de 2027 es cercana al 100%, y sus efectos pueden extenderse hasta bien entrado 2027.

La pregunta es: ¿cuánto puede costarle a la Argentina?

El Niño no significa únicamente “más lluvia”

El primer error sería imaginar que El Niño produce el mismo efecto en todo el territorio.

Puede traducirse en excesos hídricos, inundaciones, dificultades productivas y logísticas, mientras otras regiones pueden atravesar condiciones favorables.

El INTA señala esta característica: El Niño puede generar oportunidades productivas, pero también concentrar excesos hídricos. El riesgo climático aparece donde clima, infraestructura y logística se cruzan.

Cuando rutas, infraestructura, ciudades, cosechas y ganado se ven afectados en distintos puntos del país, el impacto deja de ser exclusivamente climático.

Una economía particularmente expuesta

Argentina necesita producir y exportar más.

El complejo agropecuario continúa siendo central para la generación de divisas. Vaca Muerta aumenta el peso de la energía, mientras la minería busca convertirse en otro motor de inversión y generación de dólares.

Agro, hidrocarburos y minería dependen de territorios extensos, infraestructura y sistemas logísticos.

Una cosecha no vale nada si no puede salir del campo. Un mineral no se exporta si no llega al puerto. El petróleo y el gas necesitan rutas, ductos y servicios.

El margen de maniobra se acorta

El Banco Mundial estimó que las grandes inundaciones de 1983 y 1998 produjeron pérdidas de US$1.800 millones y US$2.500 millones, respectivamente. Las inundaciones asociadas al fenómeno de El Niño de 1991–92 produjeron pérdidas estimadas en US$905 millones.

Argentina necesita agua, pero en el momento adecuado.

El exceso de lluvia puede provocar anegamientos, pérdida de cultivos, dificultades para sembrar y cosechar, daños rurales y problemas para la ganadería.

La caída de la producción significa menos exportaciones, menor actividad y, potencialmente, menor recaudación. Y, por lo tanto, menos recursos para hacer frente a los daños y pérdidas que puedan afectar a la población.

Porque algún nivel del Estado deberá accionar frente a potenciales pérdidas de bienes o vidas.

El costo invisible: la logística

Una ruta intransitable puede parecer un problema local. Pero si conecta una zona productiva con un puerto, un centro industrial o un nodo logístico, su interrupción deja de ser local.

Un ejemplo: la arena necesaria para el fracking en Vaca Muerta puede recorrer unos 1.400 kilómetros desde Entre Ríos hasta Neuquén.

¿Qué ocurre si lluvias intensas y anegamientos interrumpen esa cadena?

El riesgo climático empieza a mezclarse con el riesgo económico.

¿Estamos preparados?

En julio de 2026, el Gobierno aprobó el Plan de Coordinación Federal ENOS 2026/2027 para articular la respuesta entre organismos nacionales, provinciales y otros actores.

También existen el Sistema Nacional para la Gestión Integral del Riesgo, la Agencia Federal de Emergencias y organismos científicos como el SMN, el INA, el INTA y el CONICET.

El problema no es necesariamente la ausencia de planificación.

La pregunta es qué capacidad tendremos cuando el riesgo deje de ser una emergencia y se convierta en un problema económico y productivo.

¿Podremos afrontar esa situación?

No sabemos todavía cuáles serán exactamente las consecuencias de El Niño sobre cada región. Algunas actividades pueden incluso beneficiarse.

Pero allí está la complejidad: Argentina puede atravesar una buena campaña en una región y pérdidas extraordinarias en otra.

Puede aumentar la producción agrícola y, al mismo tiempo, enfrentar problemas logísticos, pérdidas en ciudades, casas y depósitos, además de mayores costos de transporte e infraestructura.

El desafío no consiste solamente en prepararse para la emergencia. Consiste en prepararse para las pérdidas y los daños económicos que vienen después de ella.

Porque los verdaderos costos de El Niño no estarán determinados únicamente por la intensidad del fenómeno. También estarán determinados por la capacidad de planificar y proyectar estrategias para absorber sus impactos.

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