Martino Wines: vinos, historia y una experiencia para descubrir Mendoza

Autor: Meridianas Digital | 18/09/2026 | En Luján de Cuyo, una antigua construcción de 1901 guarda una historia que empezó mucho antes de que el vino llegara a la copa. Martino Wines combina tradición, terroir y…

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En Luján de Cuyo, una antigua construcción de 1901 guarda una historia que empezó mucho antes de que el vino llegara a la copa. Martino Wines combina tradición, terroir y una mirada contemporánea sobre la vitivinicultura argentina.

Hay lugares que se conocen con los ojos. Otros se descubren lentamente, a través de los aromas, los sabores y las historias que guardan.

En Luján de Cuyo, Mendoza, hay una bodega donde el tiempo parece tener otra medida. Sus muros de adobe, sus techos de caña y torta de barro y una arquitectura que conserva las huellas de otra época forman parte de una construcción levantada en 1901 y restaurada más de un siglo después, sin perder su identidad.

Ese es el escenario de Martino Wines, un proyecto familiar que comenzó en 2001 a partir del sueño de Hugo Martino de hacer vinos de calidad y que hoy continúa con una nueva generación, encabezada por Fernanda Martino. La bodega define su búsqueda a partir de tres conceptos: sustentabilidad, comunidad y experiencia del consumidor.

Pero hay otra historia que empieza algunos kilómetros más allá.

Una viña con casi un siglo de memoria

En Agrelo, también dentro de Luján de Cuyo, se encuentra La Violeta, un viñedo de siete hectáreas de Malbec plantado en 1926.

Las hileras de esta antigua finca son parte de la identidad de Martino Wines. Allí, las plantas crecen sobre suelos franco-arcillosos, a unos 960 metros sobre el nivel del mar, y son trabajadas con prácticas que buscan cuidar el suelo y hacer un uso responsable del agua.

La escena tiene algo de viaje en el tiempo: una viña que atravesó generaciones y una bodega centenaria que, lejos de quedar detenida en el pasado, incorporó tecnología y nuevas formas de pensar el vino.

Más allá del Malbec

Aunque el Malbec ocupa un lugar central en la identidad vitivinícola mendocina, Martino Wines propone recorrer un mapa más amplio.

Su portfolio incluye varietales como Bonarda, Tempranillo, Marselan, Cabernet Franc, Sangiovese y Pedro Ximénez, además de distintas líneas que exploran estilos y regiones. La propuesta también incorpora blends inspirados en tradiciones vitivinícolas de distintas partes del mundo.

La idea es descubrir que una botella puede ser mucho más que una bebida: puede ser territorio, memoria, trabajo y una manera de interpretar un paisaje.

El placer de quedarse un rato

La experiencia no termina en la bodega.

Martino Wines también abrió sus puertas al enoturismo, con visitas, degustaciones, gastronomía y estadías que buscan acercar al visitante al lugar donde nacen sus vinos. Las visitas se realizan con reserva previa.

Quizás ahí esté una de las mejores formas de entender el vino: no solamente probarlo, sino conocer de dónde viene.

Porque detrás de cada etiqueta hay un paisaje. Hay una estación del año, una tierra, una forma de trabajar y, muchas veces, una historia familiar.

Y cuando todo eso llega a la copa, el viaje recién empieza.

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